Budapest in my feet

Budapest in my feet

viernes, 27 de septiembre de 2013

Te acostumbras a ti.




Creo que esta balanza siempre ha estado desequilibrada. Dicen que el equilibrio es imposible y yo ahora me doy cuenta, que por pequeños momentos podemos sentir tanta felicidad dentro de nosotros mismos que no la controlamos, y se nos escapa. Y se va con tanta rapidez con la que ha venido. Y de ahí lo que decía John Lennon, que la vida es lo que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes. Que ya puedes planear tu matrimonio, el color de las paredes de tu casa, el colegio al que irán tus hijos, lo que comerás los domingos... Que al final los planes son un dibujo en una servilleta de papel, y que por mucho que te empeñes tus planes le importan una mierda al resto del mundo. Y ya puedes ponerte a dibujar, ya puedes ponerle cabeza y corazón, que la vida tiene otros planes para ti. 

Y la verdad es que, en esta vida, por mucho que nos guste hacernos los mártires, nos acabamos acostumbrado a todo. Te acostumbrarás a la rutina. Al sonido del despertador todas las mañanas. Al café amargo. Al autobús lleno de gente. Te acostumbrarás a ir a ingles martes y jueves. A cenar fuera los viernes y a ver películas los sábados. A comer a las dos y acostarte a las doce. Te acostumbras a ti, al fin y al cabo, viviendo anclados en nuestros hábitos.

Sin embargo, hay ciertas cosas a las que jamás nos acabaremos de acostumbrar. No queremos asumir que somos simples viajeros de esto a lo que a alguien se le ocurrió llamar vida. Nos da miedo no saber cuando acaba este viaje, y aquí y ahora es cuando empezaría la lista interminable de nuestros jodidos temores, cosa que voy a ignorar. Porque eso es justamente lo que debemos hacer. Solo espero que valga la pena, que todo lo que haga tenga un sentido, y sobretodo, espero poder decir al final de mi viaje que tengo razones para morir porque he tenido muchas más razones para ser feliz.

sábado, 12 de enero de 2013

Cabeza-corazón.

      Es como abrir un regalo, el instante justo de antes en el que se te juntan mil emociones. Es como la sensación de ir en moto a 200 por hora, el viento se te cala por los huesos y sientes que puedes tocar el cielo. Las decisiones poco importan si las tomamos bien o mal. Puedes subir, bajar, equivocarte, acertar, corregir, olvidar. Puedes soñar hasta despertar y hasta despierto seguir soñando. Puedes cantar, bailar. Reír hasta llorar y llorar hasta quedarte sin lágrimas. Por que la vida es levantarte a las 8 y sonreír hasta acostarte. Y caerte y volver a levantarte. Y debes saber que el sol siempre va a salir al día siguiente y que el sonido de la espuma del capuccino es inigualable. Como también debes saber que el vaso medio vacío se acaba antes que el medio lleno. Que las angustias se endulzan con abrazos y desaparecen con besos. Que en tu almohada siempre acabas encontrando la paz pero que la paz la puedes encontrar en infinidad de sitios. Que el amor llama a la puerta cuando menos te lo esperas, pero que sepas que llamar llama. Que los trenes no solo pasan una vez en la vida, pasan a todas horas para que te subas cuando más lo desees. Y que la felicidad no se compra, simplemente se busca. Creo, en definitiva, que deberíamos abrir más regalos durante el año y que deberíamos ir a 200 por hora más a menudo.

martes, 8 de enero de 2013

Tú.


Nunca has sabido nada. No sabes lo que es estar escondido, ni el miedo que se siente en esos momentos. Como tampoco sabes cómo es el aire que se respira en una almohada llena de insomnio, ni a que sabe un trago de whisky como único desayuno. La amargura de la soledad que te hace compañía a cualquier hora. No sabes nada de las malas hierbas, del daño que generan. Del hoy aquí mañana allí. No conoces la parte triste de la Navidad y lo más triste es que no te lo puedes llegar ni a imaginar. No conoces otras lenguas, ni otras culturas. No sabes lo que es sobrevivir mientras tú lo único que haces es acostarte entre sábanas y amanecer entre jazmines. No ves más que la taza de café preparada por la mañana, y el futuro incierto que acecha a la mayoría de la gente para ti es solo un regalo que desenvolverás sin hacer si quiera ruido. Pero no eres feliz, y eso se te nota en los ojos cuando crees que nadie te ve. 

Quizá tengamos que llegar a lo más bajo para poder estar en lo más alto. Quizá tengamos que abrazar  la tristeza para poder acariciar  la felicidad. Quizá no tengas miedo, quizá no sepas lo que es, puede que yo tampoco...

martes, 4 de diciembre de 2012

Cuestión de probabilidad.



Entre tanta gente en el mundo de repente estás tú.
``Con 50 años habremos conocido a lo largo de nuestra vida a unas 20.000 personas, haciendo una regla de tres se obtuvo que un joven de 17 años habría conocido aproximadamente a 6.800 personas, pongamos que la mitad de esas, es decir 3.400, son hombres y la otra mitad mujeres y supongamos que de esos 3.400 solo un tercio está dentro del margen de edad del que se incluyen todas las personas con las que podríamos tener una relación, es decir, descartamos dos tercios, donde se encontrarían aquellas personas de las que nunca  podríamos enamorarnos:  familiares cercanos, ancianos, niños pequeños… Nos queda el siguiente número: 1.333,333… pero redondeando pongamos unas 1.000, de todas esas personas nos enamoraremos de una sola, estamos hablando de una milésima parte y a su vez esa persona se enamorará de una persona entre mil. De esta manera, la probabilidad de que la persona de la que uno se enamora sea precisamente la persona que se enamora de uno es, según las matemáticas, uno dividido por mil por uno dividido por mil, lo que es igual a una probabilidad entre un millón, así que, si se diera esa improbable situación de poder estar con la persona que quieres, si el destino ignorase 999.999 opciones y convirtiera esa única probabilidad que había entre un millón en un hecho, en una realidad ,qué sentido tendría no aprovecharla, qué más da lo que venga luego, que importa lo complicadas que sean las circunstancias, si lo más difícil, lo que tenía una sola posibilidad entre un millón de ocurrir, ya ha ocurrido.´´  

viernes, 20 de julio de 2012

Como nunca habías imaginado.

Como un cuento sin fin. Como esa voz que grita en silencio. Como esa mirada que acaricia. Como esas flores que salen de entre las malas hierbas. Como el mar cuando está en calma. Como cuando sales a la calle y sientes que todas las personas te miran, y te sonrien, y sin hacer una sola mueca, les devuelves la sonrisa. Y ellos, se dan cuenta. Como esa luz que entra por la persiana. Como ese beso que sabes que nunca más va a ser igual. Como esos porqués que ya no respiras. Como ese libro a medio acabar. Como esa cucharilla que no para de girar en el café. El de las ocho. El de todas las mañanas. Como esa cama deshecha. Como mis curvas moviéndose entre tus manos. Como el azul de tus ojos sin dejar de mirar. Como The Script de fondo, bajito, acompañándonos. Como nunca habías imaginado. Como esas manos que encajan de tal forma que sabes que será para toda la vida. Como cuando todo sale a pedir de boca. Así, justo como ahora. Como cuando sabes que no se puede acabar. Y no se acaba.

viernes, 6 de julio de 2012

Las cosas que amamos.



Confío en la gente, de primeras. Soy de las que sigue el dicho de <<no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy>>, al pie de la letra. Necesito un vaso de leche al despertarme todos los días y sin excepción. Adoro los pintauñas de colores, pero solo para verano. Perdono y consigo olvidar. Me gusta volar, Marruecos es mi próximo destino. Cometo errores. Quiero y me dejo querer. La sensación de estar en plena armonía es increíble. Todo es cuestión de repetírtelo hasta que te lo creas. Supongo que no ha sido fácil llegar hasta donde estamos ahora mismo, solo hay que echar una cabezadita hacia atrás, o mejor no. Lo bueno lo tenemos ahora, aquí, delante de nosotros. Y qué bonito estás con esa sonrisa, y esos ojos... Y qué bien me sienta tenerte.

miércoles, 20 de junio de 2012

En recesión.






7.45 am. Y así, de improviso, un besito en el cuello, para que me acuerde de que esta noche la has pasado conmigo. Ahora un besito en la frente, dos cafés con leche y tres tostadas. Aceite y sal.
Deberían prepararnos para amaneceres así, un aviso la noche anterior: ``Cuidado, despertar bonito´´. Y así tomaríamos precauciones. Igual podríamos evitarnos las lágrimas de los días siguientes. Pero lo cierto es que hacemos lo que sea por un momento de felicidad. El amor nos hace así. Y no es que seamos masocas (porque no creo que a nadie le guste sufrir) es que somos, sencillamente, tontos.


No hace falta decir que no son buenos tiempos para los soñadores y que el amor, ya no es lo que era. Pero debo confesaros que yo aún creo que el amor se puede encontrar en el metro, en una gasolinera y hasta en una taza de café. Yo creo en el amor verdadero, en el de ``para toda la vida´´. Pero está en recesión, como los valores en general. Yo creo en el amor infranqueable pero sufrido, en el que te deja una sonrisa al llegar a casa, el que te hace soñar, el que te quita el hambre... Yo aún creo en el amor, ese que sale en las películas, pero que de vez en cuando, se asoma a la vida real. Creo en el amor loco, dificil, imperfecto, pero valiente, en ese que no se rinde, que no tira la toalla. En ese que siempre vuelve... Pero también el que no te falla. Yo creo porque lo he vivido y sé que, pase lo que pase, es algo que voy a llevar conmigo toda la vida, y ¿sabéis una cosa? Hay que creer, porque si no creemos, estamos perdidos.


7.45 am. Y así, de improviso, un ``te quiero´´.