Es como abrir un regalo, el instante justo de antes en el que se te juntan mil emociones. Es como la sensación de ir en moto a 200 por hora, el viento se te cala por los huesos y sientes que puedes tocar el cielo. Las decisiones poco importan si las tomamos bien o mal. Puedes subir, bajar, equivocarte, acertar, corregir, olvidar. Puedes soñar hasta despertar y hasta despierto seguir soñando. Puedes cantar, bailar. Reír hasta llorar y llorar hasta quedarte sin lágrimas. Por que la vida es levantarte a las 8 y sonreír hasta acostarte. Y caerte y volver a levantarte. Y debes saber que el sol siempre va a salir al día siguiente y que el sonido de la espuma del capuccino es inigualable. Como también debes saber que el vaso medio vacío se acaba antes que el medio lleno. Que las angustias se endulzan con abrazos y desaparecen con besos. Que en tu almohada siempre acabas encontrando la paz pero que la paz la puedes encontrar en infinidad de sitios. Que el amor llama a la puerta cuando menos te lo esperas, pero que sepas que llamar llama. Que los trenes no solo pasan una vez en la vida, pasan a todas horas para que te subas cuando más lo desees. Y que la felicidad no se compra, simplemente se busca. Creo, en definitiva, que deberíamos abrir más regalos durante el año y que deberíamos ir a 200 por hora más a menudo.
Budapest in my feet
sábado, 12 de enero de 2013
martes, 8 de enero de 2013
Tú.
Nunca
has sabido nada. No sabes lo que es estar escondido, ni el miedo que se siente
en esos momentos. Como tampoco sabes cómo es el aire que se respira en una
almohada llena de insomnio, ni a que sabe un trago de whisky como único
desayuno. La amargura de la soledad que te hace compañía a cualquier hora. No
sabes nada de las malas hierbas, del daño que generan. Del hoy aquí mañana
allí. No conoces la parte triste de la Navidad y lo más triste es que no te lo
puedes llegar ni a imaginar. No conoces otras lenguas, ni otras culturas. No
sabes lo que es sobrevivir mientras tú lo único que haces es acostarte entre
sábanas y amanecer entre jazmines. No ves más que la taza de café preparada por
la mañana, y el futuro incierto que acecha a la mayoría de la gente para ti es
solo un regalo que desenvolverás sin hacer si quiera ruido. Pero no eres feliz,
y eso se te nota en los ojos cuando crees que nadie te ve.
Quizá tengamos que
llegar a lo más bajo para poder estar en lo más alto. Quizá tengamos que
abrazar la tristeza para poder acariciar
la felicidad. Quizá no tengas miedo, quizá no sepas lo que es, puede que
yo tampoco...
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