Nunca
has sabido nada. No sabes lo que es estar escondido, ni el miedo que se siente
en esos momentos. Como tampoco sabes cómo es el aire que se respira en una
almohada llena de insomnio, ni a que sabe un trago de whisky como único
desayuno. La amargura de la soledad que te hace compañía a cualquier hora. No
sabes nada de las malas hierbas, del daño que generan. Del hoy aquí mañana
allí. No conoces la parte triste de la Navidad y lo más triste es que no te lo
puedes llegar ni a imaginar. No conoces otras lenguas, ni otras culturas. No
sabes lo que es sobrevivir mientras tú lo único que haces es acostarte entre
sábanas y amanecer entre jazmines. No ves más que la taza de café preparada por
la mañana, y el futuro incierto que acecha a la mayoría de la gente para ti es
solo un regalo que desenvolverás sin hacer si quiera ruido. Pero no eres feliz,
y eso se te nota en los ojos cuando crees que nadie te ve.
Quizá tengamos que
llegar a lo más bajo para poder estar en lo más alto. Quizá tengamos que
abrazar la tristeza para poder acariciar
la felicidad. Quizá no tengas miedo, quizá no sepas lo que es, puede que
yo tampoco...

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