Es como abrir un regalo, el instante justo de antes en el que se te juntan mil emociones. Es como la sensación de ir en moto a 200 por hora, el viento se te cala por los huesos y sientes que puedes tocar el cielo. Las decisiones poco importan si las tomamos bien o mal. Puedes subir, bajar, equivocarte, acertar, corregir, olvidar. Puedes soñar hasta despertar y hasta despierto seguir soñando. Puedes cantar, bailar. Reír hasta llorar y llorar hasta quedarte sin lágrimas. Por que la vida es levantarte a las 8 y sonreír hasta acostarte. Y caerte y volver a levantarte. Y debes saber que el sol siempre va a salir al día siguiente y que el sonido de la espuma del capuccino es inigualable. Como también debes saber que el vaso medio vacío se acaba antes que el medio lleno. Que las angustias se endulzan con abrazos y desaparecen con besos. Que en tu almohada siempre acabas encontrando la paz pero que la paz la puedes encontrar en infinidad de sitios. Que el amor llama a la puerta cuando menos te lo esperas, pero que sepas que llamar llama. Que los trenes no solo pasan una vez en la vida, pasan a todas horas para que te subas cuando más lo desees. Y que la felicidad no se compra, simplemente se busca. Creo, en definitiva, que deberíamos abrir más regalos durante el año y que deberíamos ir a 200 por hora más a menudo.
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